Hay manos que curan, palabras que alivian y sonrisas que devuelven la esperanza. Las tuyas, Tania, hacen las tres cosas al mismo tiempo y sin hacer ruido.
Gracias por cada turno largo, por cada madrugada en vela, por sostener la mano de quien tenía miedo y por explicar con paciencia lo que nadie más se detuvo a explicar. Gracias por las veces que te guardaste el cansancio para que otro pudiera descansar tranquilo.
Ser enfermera no es solamente una profesión: es una manera de mirar al mundo y decidir cuidarlo. Es ciencia en la cabeza, técnica en las manos y ternura en el pecho, todo al mismo tiempo. Y tú lo llevas con una naturalidad que hace parecer fácil lo que en verdad es enorme.
Que hoy alguien te cuide a ti. Que recibas multiplicado todo el bien que siembras. Que nunca se apague esa vocación que ilumina los pasillos por donde pasas.
Vocación
Elegiste cuidar cuando otros solo miran de lejos.
Fortaleza
Sostienes a los demás incluso los días en que todo pesa.
Ternura
Tu sonrisa siempre llega antes que cualquier medicina.
Entrega
Cada latido que cuidas lleva un poquito de ti.